En las elecciones del 28 de junio el partido Unión PRO arrasó en la Ciudad y en la provincia de Buenos Aires con una plataforma poco clara pero muy eficaz: Seguridad.
Este año, el 9 de junio, el jefe de gobierno de la Capital Federal, Mauricio Macri, comenzó a poner en práctica su propia fuerza armada.
Sin embargo, los robos continúan en ascenso, por lo cual se debe pensar que esa no es la forma de manejar el problema socioeconómico que atraviesa el país, sino que lo ideal sería un conjunto de medidas políticas, económicas y sociales más costosas y con resultados a largo plazo, para entender mejor, no atraería votos.
Ahora bien, una alumna de la escuela de periodismo TEA, María Soledad Fortino, fue asaltada una vez por año desde que comenzó a cursar el terciario.
La primera vez fue un lunes de junio del 2007, Fortino bajó del subte, comenzó a caminar por la Avenida Corrientes en dirección al Paseo la Plaza, donde cursaba la materia Introducción al Periodismo de Investigación (IPI). Cómo estaba un poco retrasada, su horario de entrada era a las 19.30 horas y ya eran casi las ocho menos cuarto, apuró el paso, sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor. Una cuadra antes de entrar siente que suena su celular, sus compañero estaban preocupados porque no había llegado, pero cómo estaba tan cerca, decidió no responder al mensaje de texto y guardar el aparato. Fue en ese momento cuando, de la nada, un hombre de pelo largo y muy alto, la empujó haciéndola caer y le arrancó el celular de sus manos.
Esa en una historia más que habitual en las calles porteñas. La frase “fue una desgracia con suerte” y “podría haber sido peor”, se las dijeron la mayoría de la gente con la que habló.
Fortino aprobó su primer año, descubrió que estaba acertada en la carrera que había elegido y pensó que nunca se cansaría de trabajar de periodista, pensó en los costos de la cuota y se conformó con pensar que algún día podría ejercer y estaría recuperando con mucho placer y satisfacción, el dinero invertido.
Comenzó el segundo año. Materias nuevas y mucho más interesantes tenía que cursar. “Cada año, cada materia… Cada vez me gusta más”, pensó. La primera entrega para la materia de Política Internacional estaba pactada para el día 18 de abril. A causa del aumento de la cuota, Fortino había decidido tener dos trabajos, lo que le causaba llegar unos minutos más tarde a TEA. Per eso día nunca llegó.
Estacionó el auto en la calle Uriburo y Lavalle, buscó el ticket de estacionamiento correspondiente a la esquina más cercana. Volvió. Abrió el auto para colocar el comprobante de pago y dos chicos armados, le apuntaron obligaron a entrar en el coche. Gritos, mal trato y mucho nervios. Fortino no hizo nada. No lloró, no habló, no se quejó. Después de un rato pidió sus cigarrillos y durante las tres horas siguientes fumó más de un atado.
Bajaron en varios cajeros. Con el paso de las horas, los secuestradores estaban más tranquilos y comenzaron a hablarle. Parece ser que la víctima era un persona agradable, porque al cabo de 2.30 horas le explicaron que sólo estaban manejando a sus casa y que la dejarían volver con el auto. Cosa que cumplieron. Tres horas más tarde ya habían pasado Lanús y estaba dando vuelta por una villa, saludaron a muchos chicos y hasta le ofrecieron bajar a tomar un vino para festejar el cumpleaños de uno de los ladrones.
Se hicieron las 23 horas y los chicos decidieron dejarla ir. Colocaron el auto al lado de riachuelo, se bajaron, le dieron la cartera y le explicaron como volver.
Después de vivir éstas historias, el miedo a caminar por las cuadras del terciario se incrementaban, pero las ganas de ser periodista eran más fuertes y así, Fortino, logró finalizar y aprobar el segundo año.
La mala racha se cortó, de eso ella estaba segura. Haciendo una investigación para una de las materias, decidió, con uno de sus compañeros, hacer un documental. Fue por eso que el lunes 6 de julio fue a hacer una entrevista a 5 cuadras de TEA, llevó una filmadora de mano, muy cara por cierto y prestada. Dejó el auto en el estacionamiento. Caminó dos cuadras hacia su destino y dos chicos menores de 11 años la arrinconaron. Basta. La alumna cansada por tanto robo decidió defenderse e impedir que le sacaran la mochila, donde estaba la cámara. En la pelea olvidó cuidar su celular y por tercera vez en tres años le volvieron a robar. Sólo le quedan 4 meses para terminar su carrera, por eso no tiene pensado abandonar las calles porteñas, pero espera que al menos no le vuelvan a robar, porque contando los tres años de cuota, con los respectivos incrementos anuales, con el robo de los tres celulares y la plata que le sacaron durante el secuestro, el valor del título fue mucho más alto de lo estipulado a principios del 2007.
sábado, 12 de diciembre de 2009
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